Después de tres años de un alineamiento sin dobleces respecto de las necesidades de la administración Macri, la Justicia Federal envió esta semana dos señales que ilusionaron a los que esperan con las velas desplegadas los vientos de cambio. Son la citación a indagatoria de los jefes de la familia Macri –Franco y Gianfranco, padre y hermano del presidente respectivamente- y la liberación de Amado Boudou.

A esos dos “gestos”, que se prodigaron casi en simultáneo, se puede sumar la marca a presión que el siempre polémico juez Claudio Bonadío le imprime a Paolo Rocca, CEO de Techint, uno de los hombres más poderosos del país.  Eso, sin contar que hace varias semanas que Cristina Kirchner no es noticia por sus problemas judiciales. Y el más impactante de todos: la preselección de dos jueces de marcado perfil K para quedarse con un juzgado clave de la Provincia.

Este último dato fue confirmado ayer por INFOCIELO: entre los tres mejores puntajes que otorgó la Comisión de Selección y Escuela Judicial están Alejo Ramos Padilla, juez federal de Dolores, y Roberto José Boico, abogado de Cristina Kirchner en una de las causas que le sigue Claudio Bonadío en Comodoro Py. Ambos tienen estrechos lazos con justicia legítima. El tercer preseleccionado, Domingo Esteban Montanaro, es un juez con tantas polémicas sobre sus espaldas que pareciera, a priori, difícil que sobreviva a las instancias de impugnaciones y acusaciones, previas a la adjudicación del cargo.

 

Sumados y puestos en una coctelera, todos esos indicios arrojaron para los más optimistas una conclusión algo avezada: que el tiempo de Mauricio Macri se agota, que sus chances de reelegir son pocas y que la Justicia, que lee los tiempos electorales mejor que nadie –tal cual reza el mito-, se prepara para lo que viene.

Los más cautelosos y mejor informados arribaron a un resultado distinto. Y atribuyeron las decisiones que se conocieron esta semana a un hecho político, de carácter público, que aconteció recientemente, más precisamente en el ámbito del Congreso de la Nación.

Allí, hace apenas un mes, todos los bloques de la oposición se abroquelaron para quitarle un asiento en el Consejo de la Magistratura a Cambiemos, con lo cual expiró la mayoría automática que detentó hasta el momento, transcurridos casi tres años de gestión. Se trata de un organismo clave para seleccionar y disciplinar a los integrantes del Poder Judicial.

Cambiemos tenía dos de las bancas que corresponden a miembros del Congreso: la de  Pablo Tonelli, un PRO puro, y la del radical Mario Negri. La jugada opositora invirtió la ecuación y les abrió las puertas a Eduardo “Wado” de Pedro –por el kirchnerismo- y a Graciela Camaño –por el Frente Renovador. Negri perdió su silla, Tonelli sigue ahí.

Mientras tuvo mayoría, Cambiemos manejó a placer subrogancias, traslados y nombramientos. Llegó a dirimir expedientes en despachos ajenos a la Justicia, sin que los magistrados tengan opinión. Así, transformó una instancia que debería ser de control disciplinario, para garantizar el funcionamiento de la Justicia, a una herramienta de disciplinamiento político.
 
Para eso llegó a torcer las reglas al punto de habilitar a un juez de Tres de Febrero para que controle el proceso electoral de 2017, corriendo al juez natural, que era Ernesto Kreplak. Ese magistrado, Juan Manuel Culotta, se supo más tarde, tenía un pasado en común con el presidente Macri y es íntimo amigo del Secretario de Legal y Técnica de la Presidencia. Y cuando renunció a la subrogancia, apenas terminado el proceso electoral, fue premiado con un asiento en el Consejo de la Magistratura.

¿Se acabaron esos manejos? No hay garantías de ello. Pero sí hay lectoras que, con mesura, permiten proyectar una mirada más libre de la Justicia. “No hay vientos de cambio, lo que se acabó es la mayoría”, le dijo a este portal un operador que frecuenta Comodoro Py. “Los jueces vuelven a hacer justicia”, se animó a pronosticar. Sólo el tiempo dirá si hubo una leve brisa de verano o si llega el vendaval.

fuente: Infocielo