Ella es una persona con discapacidad visual y visceral, a causa de una patología atípica de nacimiento llamada Trisomía del IX Par. Después de terminar el secundario y luego de realizar diversos cursos, Natalia Gulino, que tiene 38 años, pudo ingresar a trabajar  a la Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (COPIDIS).

Era el año 2008 cuando entró como contratada a esa área. Llena de emoción y con ganas de crecer personal y profesionalmente. Pero las cosas no salieron como ella pensaba. Al maltrato y la discriminación de diversos superiores y compañeros, se le agregó la precarización laboral. Luego de más de una década de trabajo en el área, Natalia jamás fue trasladada a planta permanente, aunque le corresponde. Encima cobra menos que sus otros compañeros que hacen las mismas tareas.

“Yo sufrí depresión. A cada uno le pega distinto. Pero es muy duro pasar por todo lo que pasé y que nadie escuche. A mí me hizo muy mal porque viví la discriminación y el maltrato a diario. Y todo es por mi discapacidad. Yo me adapto a los trabajos sin problemas. Pero desde Ciudad me ponen palos en el camino todo el tiempo”, le contó Gulino a BigBang durante una entrevista, en la que repasó todos los problemas que debió a afrontar desde que trabaja en el Gobierno de la Ciudad. 

-¿Cómo fue el ingreso para trabajar en COPIDIS?

-Mi experiencia laboral comenzó en el año 2007, con la ayuda de la profesora Graciela Muñiz, en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, porque, durante un año y medio, me permitió prestar una colaboración en su despacho. Como estaba sin contrato, cuando se me presentó una oportunidad laboral de tenerlo, contra mi voluntad, ya que ahí me encontraba muy a gusto, terminé trabajando en COPIDIS, EX COPINE, donde viví un calvario.

-¿Qué tipo de maltratos viviste?

-En COPIDIS la pasé muy mal por varios motivos. El primero es que fueron 10 años de trabajo en forma totalmente precaria e ilegal, motivo por el cual, no dudé en afiliarme a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) e hice las denuncias por todo lo que sufrí ahí como los maltratos y la discriminación.

-Contame algunos de los episodios de discriminación.

-Además de tener que sufrir amenazas de todo tipo por parte de algunos jefes. Desde el día en que llegué me las tuve que arreglar sola. No tuvo ningún tipo de ayuda para que el trabajo se me hiciera un poco menos difícil. No quiero privilegios. Lo que digo es que fui yo quien fue obligada a adaptarse en soledad al puesto de trabajo. Y en mi computadora, por ejemplo, no había ni siquiera las herramientas necesarias para que yo pueda realizar la labor. Cualquier persona sabe que un no vidente no puede usar una computadora común. Por eso tuve que llevar yo misma el lector de pantalla para usar con la computadora y los auriculares, porque si dejaba los parlantes con la voz del lector, se enojaban. Y si no se enojaban, me daban tareas que solo eran para dejar en claro el nivel de maltratos y discriminación.

-¿Cuáles eran esas tareas con las que te maltrataban?

-Hay un ejemplo muy concreto. En el año 2011, en la previa de las elecciones, el jefe de Personal de ese entonces, Marcelo Cano, me puso una remera amarilla en el respaldo de mi silla, es decir del PRO, y me invitó a pintar las paredes del Instituto de rehabilitación psicofísica (IREP). Un maltrato absoluto porque él sabía que soy no vidente y que no podía hacer esa labor. 

-¿Qué otras tareas te obligaron a hacer para discriminarte?

-Me han obligado a llamar por teléfono a personas sordas. Cuando yo le decía a mi jefe que era imposible que alguno de ellos hablaran conmigo por su condición, me contestaban: “Los sordos siempre tienen a alguien que habla por ellos”. Una locura. En las campañas electorales también nos obligaban a repartir globos y planfetos en la calle. Un tarea partidaria que no me correspondía. Yo siempre me negué a instalarme bajo las sombrillas de colores de Juntos por el Cambio para la campaña política y eso los volvía aún más en mi contra. 

-¿En algún momento te dieron herramientas para que puedas trabajar?

-No, nunca. De hecho, todo el material que me daban era impreso en hojas y ellos sabían muy bien que eso era inaccesible para mí. Pero eso fue uno de los maltratos diarios. Por ejemplo, cuando el trabajo era presencial, la pasaba muy mal en la oficina. Hacían cosas adrede para hacerme sentir mal por mi condición. Y eso fue sola una parte porque también sufrí amenazas. 

-¿Por qué?

-En el año 2016, la nueva presidenta de COPIDIS era Agustina Señorans, a la que llaman Apu, y es hija y sobrina de Damasia e Iván Pavlovsky, respectivamente. En ese momento, yo había vuelto al área, tras un pedido de traspaso que duró poco tiempo. Así que Señorans dio de baja mi contrato. 

-¿Cómo se solucionó eso?

-En 2015, había podido pedir un traspaso temporario a la Legislatura Porteña, como asesora en temas de discapacidad y salud, del entonces diputado Alejandro Bodart. Él conocía mi problemática dentro de COPIDIS y gestionó un nuevo pase en comisión que ha acordado en ese momento con las autoridades de dicho organismo. Cuando supo que Señorans me di de baja el contrato, Bodart pidió que se respetara el contrato y pidió otro pase en comisión, esta vez a la CTA Capital Autónoma. Pero después de eso tuve que volver a COPIDIS, a pesar de mi resistencia.

-¿Ahora seguís trabajando en ese lugar?

-No. Por suerte ya no. Un día le escribí al legislador porteño Juan Manuel Valdés y se portó de una manera maravillosa. Me llamó un domingo a la mañana para saber de mi problemática. Como él es quien preside la Comisión Especial de Personas con Discapacidad en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, me abrió las puertas muy generosamente, permitiéndome que desde marzo, me sume a trabajar con ellos.

-¿Eso es suficientes para que se solucione tu problemática contractual con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?

-No. Es una ayuda de un gran ser humano como es Valdés. Pero, para el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta no deja de ser una nueva medida paliativa.

-¿Cuál es tu objetivo?

-Lo que quiero es que se me inserte laboralmente en planta permanente. Para mi independencia y mi vida es muy importante la cuestión económica. Y ese tipo de discriminación es fundamental en este momento. En junio de 2018, el Ejecutivo me pasó a planta transitoria, pero eso no es suficiente. 

-¿También hay discriminación económica?

-Absolutamente. No es un capricho mío. Me corresponde entrar en planta permanente, que se me reconozca la antigüedad de los 10 años trabajados en forma precaria, trucha e ilegal y que se me equipare el sueldo, ya que es mucho menor, al de otros trabajadores. Me sigo sintiendo discriminada, al ver que mi salario queda por debajo de lo que cobran otros empleados públicos con mi misma antigüedad y por iguales tareas que puedo realizar yo. Es muy triste y muy duro. Y sé que el Gobierno de la Ciudad me mantiene ese sueldo más bajo por mi condición de discapacitada, por defender mis derechos laborales y por negarme a hacer trabajos partidarios para Cambiemos. En materia de Discapacidad, es amplia la legislación vigente que nos ampara: La Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad y su Protocolo Facultativo, Ley 26.378/2008, adquirió Jerarquía Constitucional en 2014, Ley 27.044, pero aún así, lejos está de cumplirse

-Además de tu pedido a planta permanente y el pago correcto de tu sueldo, ¿cuál es tu otro deseo?

-Yo quiero que esto se haga realidad. Que pueda vivir mi vida sin necesidades económicas. Es muy duro todo lo que me pasa. Mi experiencia dentro del Poder Legislativo, es el ámbito donde considero que mejor puedo aportar mi fuerza y conocimientos, para mejorarle la vida a la gente y en especial, al colectivo de personas con discapacidad, así como también, es el lugar donde me siento más satisfecha, por todo lo que aprendo y por los lazos de compañerismo e inclusión que hay. Otro deseo es poder conocer personalmente al presidente Alberto Fernández, a la vicepresidenta Cristina o al diputado Máximo Kirchner para contarles mi historia. Siento que ellos tres son la última esperanza que me queda, para poder salir adelante. Van 13 años de golpear puertas, de lucharla día a día y necesito que atiendan mi reclamo.

-Además de tu sueldo, ¿contás con algún tipo de pensión?

-No, nada. Me ayudan mis padres en lo que pueden. La situación laboral y económica me perjudica enormemente. Siempre me fue denegada la pensión y es algo que me enoja terriblemente ya que hay un montón de personas discapacitadas que aún pasando diferentes situaciones y estando en niveles económicos diferentes que yo, sí se las han otorgado, entonces, me enoja muchísimo, ya que los criterios no son iguales para todos. Por otra parte, lo único que pido es que se respeten mis derechos como trabajadora para tener un trabajo que me permita vivir con dignidad. 

Fuente: Big Ban News