En noviembre de 2019, mientras se pergeñaba el envío de armas para apoyar el golpe en Bolivia que derrocó a Evo Morales, el embajador vigente y el ex embajador de Estados Unidos en Argentina estuvieron con Mauricio Macri y su entorno en la quinta de Olivos. Se trata de Edward Prado y Noah Mamet. Desde Bolivia remarcaron el rol de los Estados Unidos en el golpe.

El ingreso del embajador Prado a Olivos fue el 8 de noviembre de 2019, 2 días antes del golpe en Bolivia -que fue celebrado por el gobierno de Donald Trump- y 4 antes del envío de armas. El ingreso de Mamet, ex embajador que tras terminar su mandato se quedó en la Argentina con una alianza entre buffetes de abogados con el objetivo de tejer negocios para empresas de Estados Unidos, fue el 13 de noviembre de 2019. Es el día en que llegaron las armas a Bolivia.

Las visitas de Prado y Mamet coinciden con la presencia en Olivos de varios de los imputados por contrabando agravado de armas a Bolivia.

Prado fue con 10 congresistas y varios asesores. No se difundieron detalles sobre el contenido de la reunión, que según los registros de acceso a la quinta presidencial duró 35 minutos. El portal Infobae publicó que Macri estuvo acompañado por el canciller Jorge Faurie, el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo y el vocero presidencial, Iván Pavlovsky. Los primeros dos están en la mira judicial por el envío de armas. Pero la planilla de ingresos a Olivos además señala que al mismo tiempo estaba en la oficina presidencial Eugenio Burzaco, la mano derecha de Patricia Bullrich en el ministerio de Seguridad.

La propia Bullrich llegó a Olivos apenas terminado el encuentro entre Macri y Prado. También el entonces ministro de Defensa Oscar Aguad. Las planillas indican que se reunieron con el jefe de Gabinete Marcos Peña, encuentro del que participaron también otros ministros. Macri, Bullrich y Aguad están imputados por contrabando agravado a raíz de este caso.

La visita del ex embajador Mamet el 13 de noviembre, día de la entrega de las armas en Bolivia, es más curiosa. La planilla de acceso a Olivos marca que fue a ver a Peña. Estuvo una hora, de 10.45 a 11.45. A las 11.45 exacto entró Pompeo a ver al entonces jefe de Gabinete.

Aquel 13 de noviembre fue un día de reuniones frenéticas en Olivos, tal como retrata otra nota de esta edición de El Destape. A la tarde, de 17.30 a 19.10, Macri se juntó con la plana mayor de Juntos por el Cambio. Estaban Miguel Ángel Pichetto, María Eugenia Vidal, Alfredo Cornejo, Maximiliano Ferraro, Humberto Schiavoni y Horacio Rodríguez Larreta. Y también Gerardo Morales, el gobernador de Jujuy que ahora alberga en su gabinete a Normando Álvarez García, el embajador de Macri en Bolivia al cuál los golpistas le agradecieron el envío de armas y que también está imputado por contrabando agravado.

Un día antes, el 12 de noviembre de 2019, el día que parten las armas a Bolivia (salen en un Hércules C-130, por la noche, desde el aeropuerto de El Palomar), también hubo varias reuniones llamativas en la Casa Rosada entre los responsables del envío del armamento. Por ejemplo, estuvieron Bullrich, Faurie y el jefe de la Gendarmería (GNA), Gerardo Otero. Fue el único ingreso de Otero en 2019 a Casa de Gobierno. La GNA fue la fuerza de seguridad que brindó las 70.000 municiones y casi 600 granadas que el gobierno de Macri cedió a los golpistas bolivianos.

El rol de EE.UU. en el golpe a Evo

El 19 de julio pasado, el ministro de Gobierno boliviano, Eduardo Del Castillo, brindó una conferencia de prensa en la que realizó una cronología del golpe de Estado que se realizó contra Evo Morales en noviembre de 2019.

De acuerdo al gobierno de Bolivia, el punto de partida del derrocamiento de Morales lo dio el gobierno de los Estados Unidos. En la conferencia de hace dos semanas, Del Castillo mostró una secuencia de filminas que se inicia con un encuentro del 24 de julio de 2019. Aquel día, el subsecretario adjunto del Departamento de Estado de EE.UU para Asuntos del Hemisferio Occidental, Kevin O’Reilly, “llegó a Bolivia y se reunió con personeros de las embajadas de Perú, Argentina, Brasil, OEA y la Unión Europea e insinuó la posibilidad de un fraude electoral en Bolivia sin pruebas”, se afirmó durante la rueda de prensa en que se mostró el armamento argentino hallado en depósitos de la Policía Boliviana, una de las fuerzas represivas que recibió parte del material bélico enviado por la gestión macrista. La otra fue la Fuerza Aérea Boliviana.

En la cronología que mostró Del Castillo también se hace foco en el 9 de noviembre de 2019. El día siguiente de la visita de Prado a Macri. Aquella jornada “paramilitares quemaron las casas de afines al MAS (familia de Víctor Borda y de la hermana de Evo Morales, por ejemplo), golpearon señoras de pollera y amenazaron a la gente”, se relató en la conferencia. El golpe estaba en movimiento.

Al día siguiente, el 10 de noviembre, Evo Morales es obligado a renunciar. El paso al costado del presidente bopliviano fue celebrado por el gobierno de Donald Trump, que emitió un comunicado en el que destacó que esa decisión "es un momento significativo para la democracia en el hemisferio occidental". "La partida de Morales preserva la democracia y allana el camino para que el pueblo boliviano sea escuchado", se consideró.

El comunicado del gobierno de los EE.UU es del 11 de noviembre, el mismo día que comienzan las masacres. Al día siguiente, el 12, Argentina envía las armas. El vuelo con el cargamento ilegal se da horas después de que Jeanine Áñez se hiciera cargo del gobierno de facto. Las municiones arriban el 13 de noviembre, jornada en que Mamet visita la Quinta de Olivos.

Coincidencias en tiempos de Lawfare regional: un mes después de las visitas de Prado y Mamet a Macri, la embajada de EE.UU en la Argentina cuestionó a Morales por su actividad y presionó al gobierno de Alberto Fernández, que ya había asumido y le estaba otorgando refugio al expresidente de Bolivia.

Tal como relatan las crónicas de aquellos días, una delegación de funcionarios de la Embajada de Estados Unidos fue a la Casa Rosada para presentar al canciller Felipe Solá una protesta formal por las actividades políticas que estaba desarrollando Morales. Fueron en representación del Departamento de Estado la ministra consejera Mary Kay Carlson y el consejero político Chris Andino. Según publicó Infobae, el embajador Edward Prado no fue de la partida porque estaba de vacaciones en Texas.

Como respuesta, el 28 de diciembre de 2019 Evo tuiteó: “La complicidad de Estados Unidos es tan evidente en el golpe de Estado en #Bolivia que la embajada norteamericana en #Argentina habla por los golpistas y pide al gobierno del presidente @alferdez limite mi refugio político, como en tiempos del Plan Cóndor”.

El business de la corrupción

Un dato interesante del ex embajador Mamet es que al terminar su misión diplomática se quedó a vivir en Argentina. Su objetivo fue tejer negocios para empresas de Estados Unidos. Trajo con él a DLA Piper, un estudio global, que concretó una alianza con Cabanellas, Echebarne, Kelly & Dell’Oro Maini, uno de los estudios más importantes de la city porteña.

Que Mamet se quedara a armar negocios para las firmas yankis no es un dato menor. Vale recordar que Prado es un ex juez del estado de Texas, que llegó a la Argentina a mediados de 2018 y que en su audiencia de confirmación ante el senado estadounidense dijo: “Mi intención es seguir trabajando con los abogados y jueces de la Argentina en la mejora del sistema judicial y fortalecer la confianza que la gente tiene en el sistema judicial”. La Embajada fue un ariete fundamental del lawfare en Argentina.

Uno de los objetivos del embajador Prado fue deteriorar a grandes empresas argentinas, en especial de obra pública, para que sus competidoras estadounidenses pudieran acceder a los contratos con el Estado siempre cartelizados por las firmas locales. No fue una idea suya, sino parte de la política exterior norteamericana.

En la web de la Casa Blanca se puede leer la Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy) de Estados Unidos. En el capítulo sobre el hemisferio occidental hay varias definiciones que, leídas post G-20 y a la luz de la causa de la Fotocopia de los Cuadernos apuntalan la hipótesis de la injerencia estadounidense. Estados Unidos plantea que “China busca llevar la región a su órbita a través de inversiones y préstamos dirigidos por el Estado”.

La línea del embajador Prado está en ese documento, que plantea como objetivo "fortalecer el estado de derecho y emprender la reforma judicial” y luchar contra la corrupción en los países latinoamericanos.

Hay otro documento que complementa la Estrategia de Seguridad Nacional y es el Plan Estratégico 2018-2022 de la USAID, la agencia estadounidense que bajo el manto del apoyo al desarrollo realiza tareas de inteligencia e intervención directa en numerosos países. Evo echó a la USAID de Bolivia por su continua injerencia en la política interna. Los objetivos de la USAID son aún más concretos y revelan su interés por despejar el camino a las empresas norteamericanas.

“Nos enfrentaremos a la corrupción en el extranjero, lo que socava la seguridad, permite las TCO (Organizaciones Criminales Trasnacionales) y genera desventajas para las empresas estadounidenses”, afirma el documento. “La corrupción subvierte los mercados abiertos e impide la capacidad de las compañías estadounidenses para competir”, insiste. Y advierte: “Estados Unidos ha desempeñado durante mucho tiempo un papel de liderazgo internacional que promueve la adopción de las mejores prácticas internacionales para perpetuar el sistema económico basado en reglas sobre el que se basa nuestra prosperidad, y para ayudar a garantizar un espacio libre y justo donde las empresas estadounidenses puedan competir”

Los documentos son claros. El discurso de la corrupción no tiene un objetivo ético sino el ingreso de las compañías norteamericanas a negocios que tienen vedados por la complicidad de empresarios y funcionarios que participan del esquema de coimas a cambio de obra pública. En lugar de competir, la estrategia es despejarles el camino bajo el manto de la lucha contra la corrupción.

Los embajadores Prado y Mamet hacían así un juego de pinzas: uno agitaba la cuestión de la corrupción, el otro acercaba las empresas estadounidenses. Y los dos estuvieron en Olivos en los días claves del golpe en Bolivia y el envío de armas para apoyarlo por parte del gobierno de Macri.

Fuente: El Destape